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Recuerdo a la perfección la primera vez que me quedé sola con un paciente como R1. Cerré la puerta de la consulta detrás de mí y noté cómo me echaba a temblar instantáneamente. Un tiempo después me pregunto, ¿qué miedo habría de tener en dicha situación una persona que quiere genuinamente ayudar a otra que sufre? 

Miedo al fracaso. Miedo al rechazo. Al ridículo.
Incluso aún peor que hacerlo mal, que note que no tengo ni idea, que es mi primer paciente, o que piense ese temido "es demasiado joven para entenderme". 
El miedo simplón de quien se pone por delante del otro.

La segunda vez que me sentí con tanto miedo fue, aún como R1 PIR, durante la rotación en hospitalización (la unidad de "agudos"), por razones bien distintas.  Cuando me senté sola frente a un paciente entonces desconocido y recién ingresado y advertí -error- que también me había sentado frente a la puerta de salida. Cuando ésta se cerró tras de él y capté esa mirada gélida que aparentaba ser de otro mundo. Entonces caí en la cuenta de que, si pasaba algo, cosa no tan remota ante un paciente de aquellas características en plena crisis, no tenía escapatoria. Comprendí (tarde) que no había preguntado qué hacer en caso de problemas, que afortunadamente no hubo.

Yo sola me manejé con mis miedos, o más bien los esquivé como pude, durante toda la residencia.

Me atrevo a daros dos consejos a todos los nuevos residentes PIR, especialmente a aquellos que como yo cuando empecé no tengan mucha experiencia previa como psicólogos y ninguna como clínicos. 

El primero admito que no tiene fácil aplicación, pero si podéis, hacedlo: No tengáis el primer tipo de miedo. No sois los responsables de la vida de esa persona. Importáis, pero no importáis TANTO. No os pongáis por delante de otra persona que es la que os necesita. Vuestro temor es humano, pero la actitud adecuada lo puede casi todo. 
No bloqueéis vuestro gran potencial de ayuda. Transformad ese miedo en curiosidad, en concentración, en reto. Estad presentes para esa persona mientras estáis con ella. No la llevéis a casa cuando ya no esté.

Y, sobre todo, haced caso al segundo consejo:
Tened el segundo tipo de miedo, o mejor dicho, de cautela. No sabéis todo. No estáis preparados para todo. No sois la leche porque os habéis sacado el PIR. No tengáis miedo de admitir que no sabéis qué hacer o que necesitáis apoyo en ese mismo momento. Cuánto podemos beneficiarnos de depender a veces de los demás. ¡Qué suerte para un PIR estar tan rodeado de compañeros! Por favor, confiad en los enfermeros que llevan 20 años en la planta. Pedid supervisión a los facultativos. Perseguid a vuestros supervisores si hace falta y aprovechad el tiempo una vez con ellos. Escuchad a vuestros Rs mayores, pero no cometáis el error de creer que saben todo por llevar allí un año o dos más que vosotros. No retroalimentéis vuestras inseguridades y vuestras neuras. Buscad siempre una mano más experta que os guíe.

Cometed muchos errores del primer tipo. Permitíos ser imperfectos, no hacerlo todo lo bien que querríais. Fallad como fallamos todos, a menudo y sonadamente, y no olvidéis decir alguna tontería de vez en cuando.
Minimizad errores del segundo tipo. No os creáis omnipotentes. ¡PEDID AYUDA!

Solo con humildad y trabajo crecemos personal y profesionalmente. Os lo dice una hoy psicóloga clínica que se sigue y seguirá peleando con sus miedos ;)

¡Feliz estudio, APIRes!

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