¿Es posible compatibilizar vida familiar y estudio PIR?

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Si dijese que sacar plaza PIR teniendo niños es fácil mentiría, pero también puedo garantizaros que se puede conseguir. Empecé mi aventura PIR hace 6 años, cuando mi hijo mayor tenía solo unos meses. Obtuve mi ansiada plaza PIR en la convocatoria de 2016, cuando mis niños tenían 5 años y 18 meses respectivamente. Durante este camino hubo algunos parones, forzados en parte por estas características particulares de tener que compatibilizar estudio y familia, algunos baches, algunos periodos de auténtica montaña rusa emocional y algunos viajes a lo más profundo de mi autoestima cuando tras el examen y tras haber estudiado más allá de lo que podía resistir mi mente y, en ocasiones mi cuerpo, me quedaba fuera por muy poquito.

Cuando estás en una situación en la que tienes pareja, hijos… el hecho de preparar un examen tan complejo como es el PIR se convierte en un asunto familiar. Ya no estás tú solo o sola con tus libros, apuntes, subrayadores, etc., si no que tu pareja, tus hijos… deben entrar a formar parte de esa planificación exhaustiva de clases, repasos, simulacros, tutorías, etc. De repente te ves metiendo en ese planning diario horas para dedicar a tu propia familia y creedme, yo lo hacía y de esta forma me aseguraba de poder pasar tiempo con ellos. En muchas ocasiones me encontraba como en un círculo vicioso del que me costaba salir y que me hacía sentir especialmente mal. Si me quedaba en casa estudiando y mis dos niños salían con su papá al parque me sentía fatal por el hecho de quedarme a estudiar y no disfrutar de mi tiempo con ellos; pero si decidía salir con ellos y dejar el estudio entonces me sentía mal por el hecho de no estudiar y no lograba disfrutar de ese momento con plenitud. Así que, hiciese lo que hiciese no lograba encontrar ese equilibrio que me permitiese disfrutar al 100% de ambas cosas. Esto es algo que me producía mucho malestar y que en el último año de preparación conseguí resolver a base de ceñirme a una organización muy rigurosa.

Sin embargo, a pesar de las dificultades extras que entraña el hecho de tener niños pequeños, también tiene aspectos positivos. El tener las horas para estudiar limitadas te hace que las aproveches al 200% y que esos ratitos entre una siesta, una actividad extraescolar, una clase de música… que una persona con todo el tiempo del mundo vería como ratitos muertos y no los utilizaría, las mamás y los papás los vemos como una estupenda ocasión para hacer preguntas de la aplicación del móvil, preguntas de simulacro, repaso exprés de las cosas “memorizables”, etc.

Mi experiencia PIR deja a mis espaldas 5 convocatorias (aunque no todas con una dedicación óptima). La penúltima vez que me presenté al examen fue un desastre. Era la convocatoria de 2014 y de repente la dificultad del examen se desplomó, nos encontramos con un examen muy fácil que no favoreció a los más preparados así que me quedé a las puertas por segundo año consecutivo. Este momento fue tan duro para mí que me plantee dos cosas: o abandonaba el PIR y tomaba un camino alternativo o cambiaba totalmente mi forma de preparar el examen ya que era consciente de que más no podía saber, sentía que ya había tocado techo y que tenía muchos conocimientos, pero sin embargo mi estrategia de examen no era buena y ahí es donde fallaba y necesitaba mejorar. Todas estas opciones las barajé en el año siguiente a esta última convocatoria el cuál decidí tomármelo sabático porque mi niña nació en Julio de ese año. En estas cosas andaba yo cuando descubrí que había aparecido una nueva academia, APIR, y que una de sus características fundamentales es que hacía muchos simulacros y se centraba mucho en entrenar en estrategia de examen. Además, daba tres vueltas al temario con clases y eso era algo también que la diferenciaba de otras academias y que pensé que podría serme muy útil a la hora de repasar. Y de esta forma tomé la decisión de no abandonar, de seguir y de centrarme en repasar por una parte y en hacer todos y cada uno de los simulacros y aprender de ellos por otra. Hoy volviendo la vista atrás puedo asegurar que ese cambio en la forma de estudiar es la que me permitió sacar plaza y es que los repasos y los simulacros son una piedra central en el estudio del PIR.

En esto del PIR cada uno tiene sus herramientas, se conoce y sabe lo que le va mejor y peor, pero me gustaría contaros unas pautas que a mí me sirvieron en su momento por si alguna de ellas os puede ayudar, especialmente a mamás y papás:

1. REPASOS: fundamental. Si me lee alguno de mis alumnos de mis clases de tratamientos o de psicología social sabrá que esto es algo que les repito mucho. Creo
es una de las cosas que más puede ayudaros a conseguir el objetivo. Yo me fijé un día, los viernes, y ese día lloviese, tronase o llevase un retraso en el planning del 15 lo
dedicaba a repasar. Me hacía una planificación para estos repasos y cada viernes lo dedicaba a repasar un aspecto diferente: esquemas o mapas conceptuales, fallos de
simulacros, preguntas de convocatoria, conceptos clave, mi libreta de cosas memorizables (llevaba siempre conmigo una libreta en la que anotaba todas aquellas cosas que sabía que había que memorizar, conceptos que confundía, cosas que se me olvidaban o que fallaba repetidamente…).

2. SIMULACROS: al igual que los repasos es un aspecto esencial. Hacer todos los simulacros que propone la academia y hacerlos en las mismas condiciones que os vais
encontrar el día del examen (sábado, horario de 16 a 21h, no poder ir al baño la primera hora, móvil apagado, merienda preparada…). Además de usarlos para entrenar aspectos más formales como tiempo requerido para cada vuelta que vais a dar al examen, cansancio, nivel de ansiedad durante los distintos momentos de la prueba, etc., debéis corregirlo después y analizar las preguntas que habéis fallado (yo incluía estas preguntas en mi planificación de repaso de los viernes).

3. ORGANIZACIÓN: casi con precisión militar! Es muy importante que nos organicemos el día de forma realista y con algo de flexibilidad (las mamás y papás sabemos mucho de la necesidad de tener una opción B para los imprevistos miles que surgen con los niños). Tras hacernos esta planificación, la hemos de tener visible en la zona del escritorio u otra zona en la que la podamos ver y hemos de ceñirnos a ella e intentar por todos los medios ser productivos. Parece fácil, pero a menudo nos hacemos planificaciones muy difíciles de cumplir, con objetivos que no podemos alcanzar y esto no hace más que aumentar nuestra frustración. Vale la pena quedarnos cortos y que nos quede tiempo para repasar al final del día que ir acumulando retrasos en distintas materias.

4. CLASES ONLINE: esto va a gustos. Yo siempre he sido de ir a clases presenciales, pero con un niño de 5 años y otra niña de meses me resultaba muy difícil desplazarme cada
sábado a la sede de Valencia así que esta opción para mí fue ideal. Veía las clases siempre que podía en directo, pero si alguna se me complicaba sabía que podía verla en cualquier otra ocasión porque quedaban grabadas y además, en algunos ratos en los que estaba con los niños y no podía concentrarme en estudiar o en los que hacía alguna tarea como planchar pues me ponía alguna clase y de esta forma repasaba también.

5. TIEMPO LIBRE: dedicaros un tiempo a vosotros. Bien para hacer ejercicio, pasear, quedar con amigas o amigos para tomar un café o simplemente para sentaros un ratito
tranquilos a leer un buen libro, escuchar música o practicar alguna técnica de relajación.

6. APOYO: para mí indispensable. Apoyaros mucho en las personas de vuestro alrededor, aquellas que creen en vosotras y vosotros, aquellas que no os permiten rendiros,
aquellas que os ayudan a levantaros tras cada caída y que siempre están dispuestas a tenderos un hombro cuando más lo necesitéis.

Y no me queda más que enviaros muchísimo ánimo a todas las mamás y todos los papás que decidáis tomar este difícil, aunque gratificante camino. He de deciros que la recompensa final vale muchísimo el esfuerzo y sacrificio que vais a tener que realizar.

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