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Hoy quería hablaros de algo que suele ser un debate clásico entre opositores… “Y tú, ¿dónde estudias?”

A estas alturas del cuento, seguro que cada uno ya tiene sus costumbres propias y lleváis años hincando codos para los exámenes de la carrera o del máster en “vuestro hábitat”. Eso sí, tenemos que tener en cuenta que prepararse una oposición como es el PIR es algo más que pasarse un mes exprés apretando en el estudio para sacar ciertos exámenes, y tiene mucha más importancia de lo que creemos el estar cómodos y concentrados allá donde estemos.

Yo siempre he sido una persona de estudiar en casa. He tenido mis épocas de biblioteca, algunas más largas que otras, pero al final siempre acababa en casa.

De estudiar en biblioteca recuerdo que siempre que iba quedaba con una amiga que estaba en la misma situación que yo, y se hacía mucho más llevadero. Quedábamos pronto, nos motivábamos antes de entrar, nos preguntábamos dudas en directo, hacíamos buenísimos -y quizás demasiado largos- descansos para despejarnos y tomarnos el café y lo que surgiera… y volvíamos a casa comentando nuestro día, nuestras penas y nuestras dificultades y nos motivábamos la una a la otra. Eso era lo mejor, el no sentirte solo, el compartir esto con alguien. A mi lo que más me quemaba de la oposición era la soledad que sentía, porque al final es un camino que vamos construyendo nosotros solos… pero podéis contactar con gente de vuestra sede, de la biblioteca de vuestro barrio, o con otros opositores PIR que conozcáis por redes sociales, por ejemplo, para poder sentir esto que os comento. Para poder estar acompañados en este camino y poder sentiros comprendidos. La biblioteca, aparte de para socializar más (y ver al de enfrente estudiar más que tú, sentirte culpable, y dejar de mirar las moscas pasar y volver a atender al libro) sirve, sin duda, para crear una rutina, más fácilmente que si nos quedamos en casa. Levantarse de lunes a viernes a la misma hora, desayunar tranquilamente, quitarse el pijama (sí, os podéis imaginar que yo lo hacía pocos días a la semana) e irte dando un paseo hacia la biblioteca con el fresquito de la mañana te da una identidad. A mi me hacía sentir útil, que mi vida seguía, aunque fuera en una biblioteca… pero salir de casa siempre es bueno.

A pesar de eso, como os digo, yo el 80% del PIR me lo saqué en la habitación de mi hermana (que ya no vive en casa). Os destaco esto porque creo que no hubiera sido para mí igual de positivo si hubiera tenido que estudiar en el escritorio de mi habitación… para luego dejar de estudiar y tener que dormir en la cama que tuviera a 30 centímetros… Creo que es importante cambiar de aires y separar ambientes, y para mi el descanso no podía ser al lado del libro de Psicoterapias, la verdad. Como os digo, estudié casi todo el tiempo en la habitación de mi hermana, la cual decoré con un corcho enorme lleno de post-its con los conceptos más importantes que miraba cada mañana antes de empezar, y llené de pilas y pilas de libros, apuntes y simulacros. Esto es algo que creo que es un pro importantísimo de estudiar en casa: tienes TODO lo que quieras. Puedes estar tranquilo porque si estás estudiando Psicología Clínica y te asalta una duda insoportable de cuál era el quinto par craneal puedes levantarte e ir a consultar el manual de Psicobiología, cosa que si estás en la biblioteca no. Otro pro importante es el poder ir en pijama, ¡está claro! (y la mantita en invierno…). Pero eso sí, os recomiendo que los simulacros NO los hagáis en estas condiciones. Mucho más real fuera de casa, en la academia o en la biblioteca, después de comer y con ropa de calle, ¡siempre! Aunque, sin duda, lo que a mi me hacía decantarme por estudiar en casa era el que sentía que perdía muchísimo menos el tiempo. Nunca me ha costado concentrarme estando sola, cosa que en la biblioteca viendo pasar a la gente sí. Pero sobretodo, tenía el sentimiento de que levantarme, tardar 15 minutos en desayunar y ponerme al lío, era mucho más provechoso para mi que desayunar, arreglarme, darme el paseo y charlotear con mi amiga antes de empezar a estudiar. Además, eran horas de sueño que ganaba, a mi parecer…

Sea como sea, os recomiendo que probéis y os quedéis con lo que mejor os sirva, porque os conocéis mejor que nadie. A los rePIRes, sí que os quiero dar un consejo. Si lleváis muchos años y os estáis quemando, cambiad de aires. Creo que es importante y es algo que yo hice cada año en las 3 convocatorias que me estuve preparando. Es difícil estar atascado en el mismo sitio en la misma biblioteca, viendo a la misma gente día tras día… o encerrado durante las mismas horas cada día, clavando codos enfrente de la pared de tu habitación de estudio. ¡Cambiad! Os animo a cambiar de sitio, ¡a hacer la ruta de las bibliotecas, si hace falta! A redecorar vuestra habitación, imprimiros frases motivacionales o esquemas, pintad la pared de un color que os guste, cambiar de lugar los muebles, compraros una silla acolchadita y cómoda… O iros a estudiar a un parque tranquilo que haya cerca de donde viváis. Esto último es de lo que más me gustaba a mi, en estos meses que hace calorcito, aprovechadlo.

Recordad siempre que, aunque estudiar sea un rollo para casi todo el mundo, es vuestro medio para conseguir el fin que tanto queréis y soñáis. Y lo más importante, es que disfrutéis el camino
cada día, lo máximo posible.

Mucho ánimo desde aquí, con mucho cariño, de una R1 que todavía tiene muy presente el proceso por el que hay que pasar.

¡Lo vais a conseguir!

P.D. Es el trigémino 😉 (pregunta PIR 55, 2005).

María Soriano Medina
Residente Hospital Universitario Príncipe de Asturias

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