El día a día de un R1 psicólogo en una unidad de daño cerebral

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Mi nombre es Jose. El año pasado fui alumno de la modalidad intensiva de APIR y logré sacar plaza en tan solo 8 meses. Esto no quiere decir que sea un genio ni mucho menos. Mi teoría acerca de por qué esto fue posible es que supe aprovechar de la mejor manera posible tanto el tiempo como de los recursos que disponía.

Mi plaza fue a caer en el Hospital de Guadalajara. A priori, no era una de mis opciones favoritas, pero tras comenzar mi andadura, no puedo estar más satisfecho. La primera rotación que estoy haciendo es Neuropsicología. No se trata de una rotación habitual en el cronograma de los hospitales, sino que es la rotación más distintiva de Guadalajara. Ésta se lleva a cabo en el Instituto de Enfermedades Neurológicas de Castilla-La Mancha, que como su nombre indica, se encarga de la rehabilitación de pacientes con enfermedades neurológicas no crónicas (como ictus) de toda la comunidad autónoma.

Una de las ventajas de este centro es que se trata de un equipo totalmente multidisciplinar: Psicología clínica, Neuropsicología, Logopedia, Neurología, Medicina de rehabilitación, Terapia ocupacional, Fisioterapia, Trabajo social y Enfermería. De forma que podemos abordar los diferentes aspectos implicados en la enfermedad y aprender unos de otros.

Cierto es que estaba un poco asustado con la idea de comenzar por este lugar, puesto que en el Grado no nos dan mucha formación sobre estas cuestiones. Sin embargo, como me imagino que pasará con el resto de rotaciones, la adquisición de responsabilidades ha sido muy progresiva y poco a poco, he ido adquiriendo conocimientos básicos para poder intervenir dentro de este ámbito.

Ahora la pregunta es... ¿De qué se encarga un psicólogo en una Unidad como ésta? Pues en concreto, en ésta, hay una psicóloga clínica y una neuropsicóloga. En mi caso, únicamente estoy rotando con la segunda. Por lo que me centro más en aspectos cognitivos que emocionales. Una de las cosas que más estoy aprendiendo es cómo evaluar los procesos cognitivos: atención, memoria, funciones ejecutivas, gnosias, praxias, orientación... Sin duda, aquí se pone en práctica la teoría que aprendemos en las asignaturas de Psicología Básica y Evaluación Psicológica.

De la misma forma, este ámbito de trabajo nos permite ver la psicopatología que hemos estudiado durante la preparación del PIR: el fascinante mundo de las amnesias anterógradas y retrógradas, las prosopagnosias, las alucinaciones, los delirios, las heminegligencias, las afasias, los trastornos orgánicos de la personalidad...

Para poder detectar esta sintomatología neuropsicológica, algunas de las pruebas que manejo con frecuencia son: TAVEC, Wisconsin, Trail Making Test, Dígitos, Escala de Memoria de Wechsler, Figura de Rey, Torre de Hanoi, Stroop, Cubos de Corsi o la Escala de Lawton y Brody. Son pruebas que nos suenan muchísimo a todos pero el aprendizaje que supone su aplicación en la práctica clínica no es comparado a lo que estamos acostumbrados de estudiar miles de detalles en Evaluación, los cuales luego se olvidan con facilidad.

A partir de los resultados en estas pruebas, elaboramos perfiles neuropsicológicos que nos orientan hacia un diagnóstico definitivo. Precisamente, esta es mi tarea en las guardias en el hospital. Tenemos una tarde a la semana en la que hacemos valoraciones neuropsicológicas de pacientes derivados de distintos servicios (Psiquiatría, Psicología Clínica, Geriatría, Neurología...).

En todo caso, más importante que ese diagnóstico, es la información que se obtiene sobre el estado de los procesos cognitivos. Esto será lo que nos permitirá planificar nuestra intervención. En rehabilitación neuropsicológica nos servimos de distintos recursos: crucigramas, Sudokus, aplicaciones móviles, ejercicios a través de plataformas informáticas, talleres de memoria y atención, etc..

En conclusión, y como opinión personal, considero que esta rotación es muy necesaria en los programas de formación especializada en Psicología clínica. A pesar de que los procesos cognitivos son abordados en los estudios de Grado, muchas veces se limitan únicamente a desarrollar las teorías sobre éstos y no se dedica tanto tiempo a la parte aplicada. Como futuros psicólogos clínicos tenemos que crear un esquema mental con la integración de los aspectos cognitivos y emocionales de las personas para poder intervenir eficazmente en nuestras consultas.

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