El PIR, ¿Vale la pena?
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A dos meses del examen, este momento complicado por todas las emociones que se mezclan… ganas, motivación, cansancio, miedos… me gustaría compartir con vosotros un poco de mi experiencia… de aquellos miedos y baches, del porqué mereció la pena… y sobre todo, me gustaría daros con estas líneas algo de fuerza para este último gran empujón.

Recuerdo esta época como una verdadera montaña rusa emocional… había días en los que cuando sonaba el despertador pensaba…»¿otro día más? y ¿para qué?, si esto es imposible…».Me levantaba y me ponía delante de los apuntes y tenía la verdadera convicción de que cada día sabía menos, de que el conocimiento se iba desparramando, que los días no me cundían y perdía el tiempo… y sé que a muchos de vosotros esto también os pasará ahora… Es importante saber y creer que si cada día nos sentamos delante de esos apuntes, es imposible que cada día sepamos menos, que esto no es más más una sensación derivada de ese ansia por saber más y más, y de que cada día, al saber más, nos fijamos en nuevos y más precisos detalles.

Recuerdo la sensación de no poder más, y de incluso dudar de si ser PIR es lo que quería, o de si de verdad valdría la pena… ante esto… os daré algunos motivos por los que para mí sí que mereció la pena, y os diré que desde luego, si lleváis días, meses, años, luchando por esto, claro que lo queréis, aunque en este momento la falta de fuerzas de algunos días nos lleve a dudarlo, no dejéis que la frustración o el cansancio os engañen… ¡y menos ahora!

También recuerdo la sensación de «no puedo, es imposible…».Los sofocones post-simulacro… el compararme con mis compañeros… no os diré que no permitáis que esto os pase, porque para mí era algo inevitable, tampoco os diré que tenéis que estar convencidos sí o sí y día tras día de que lo vais a conseguir, porque para mí era difícil, lo que si os diré por un lado, que lo importante no es lo que uno piense, si no lo que uno haga, y que a pesar de las dudas que os puedan surgir, lo importante es estudiar cada día como si pudierais conseguirlo, o mejor dicho, para poder conseguirlo. También deciros… que aunque os surjan las dudas… debéis recordar que lo que es seguro es que si en algún momento de vuestra vida, decidisteis embarcaros en esta locura del PIR es porque de verdad, pensabais que podríais conseguirlo y estáis trabajando para ello.

A mí me costaba creérmelo, me costaba no compararme, me costaba no ver mis resultados y pensar «si no soy la mejor de APIR… como lo voy a ser de España», pero a pesar de esos pensamientos que a veces aparecían, me levantaba cada día y me ponía delante de mis apuntes a estudiar con el objetivo de conseguirlo, de hacer el mejor examen posible… y creo que eso es lo que de verdad importa.

Con respecto a los simulacros… solo os diré que yo comencé a sacarles de verdad fruto, y a poder tolerar la frustración de los no tan buenos resultados, a raíz de entender y creerme que cada fallo de un simulacro era una oportunidad de afianzar y aprender algo nuevo y de tener algún fallo menos en el examen real, que para qué un percentil 100 o cero fallos y cero oportunidades de aprender… solo hay un simulacro de verdad, que es el examen, lo demás, son entrenamientos, fundamentales para nuestro aprendizaje y en los que lo importante es el proceso y no el resultado.

Ahora me gustaría contaros algunos de los por qué en mi caso mereció la pena…

Merece la pena porque llega un día en que suena el despertador y de repente, aunque cueste creerlo, deberás apagar el piloto automático que te lleva día tras días a la biblioteca o a tu escritorio y cambiarás el rumbo e irás por fin a trabajar, a tu hospital, a ponerle la cara a tanto estudio.

Porque solo por la sensación cuando te enteras de que lo has conseguido, de que una plaza lleva tu nombre… ya vale la pena, y os aseguro que muchos días no me veía capaz… y llegó, y es una sensación diferente a todo lo que había sentido antes.. Y que aún, al pensar en ella, me pone la piel de gallina… Contárselo a los tuyos… las jornadas de APIR en Madrid al día siguiente y aun en estado de disociación… el pasar de la risa al llanto a una velocidad que podría ser diagnosticada por DSM-5….

Porque cada día es DIFERENTE, se acabó la rutina inamovible, cada paciente , cada sesión, cada adjunto… eso sí, seguirás viviendo en una montaña rusa emocional… pero… bueno, eso es la vida, ¿no? Eso es parte de lo bonito de este trabajo, las alegrías y penas que a veces vives con los pacientes, la ansiedad, el miedo a no saber qué o cómo, las cosquillas en el estómago cuando un paciente te da las gracias, mejora… o la frustración cuando empeoran o te faltan…

También porque volverán los puentes, las vacaciones (¡y ahora pagadas!) y los fines de semana de dos días, vuelve el tener mil cosas que contar a tu familia o amigos, y se va esa sensación de vivir en automático y de no tener nunca nada que contar.

Porque aprendes, aprendes y aprendes, lees y vuelves a leer, preguntas, observas, criticas y te criticas, haces sesiones, vas a cursos, y a congresos (con el viajecito que conlleva) abres la mente… creces mucho, como profesional y como persona…

Porque… aunque parezca mentira… no voy a decir que los sofocones, las cosas que nos hemos perdido por estar estudiando, las dudas y los malos ratos se olvidan…. pero sí que os digo que todo eso toma sentido, y que los recuerdas con cariño y hasta con orgullo por haber sido tan valiente de querer lograr y de trabajar a tope por aquello que tantos ven (im)POSIBLE.

Porque lejos de arrepentirte, te das cuenta cada día, incluso los malos (que por su puesto los hay), que NO PODÍAS HABER ELEGIDO MEJOR, y que de verdad… NO HAY FORMACIÓN COMPARABLE A ÉSTA.

Por todo esto os animo a darlo todo en este último tirón, a estudiar a tope, a hacer exámenes, a subir el ritmo y las horas y a confiar en vuestro trabajo… pero también os animo a cuidaros, a permitiros respirar, a tomaros esa cerveza al final del día que os lo alegre el día, a disfrutar del sol camino de la biblioteca o a esos ataques de risa inesperados que a veces entran… A permitiros disfrutad de los vuestros en las fechas que vienen y a manchar de turrón los apuntes… porque aunque hay que darlo todo, para ello os necesitáis bien, y sobre todo os animo a estar orgullosos, pase lo que pase, de todo lo que ya habéis hecho.

Recordad por último… que desde abajo de la montaña siempre vemos la cima… y a medida que la vamos escalando los árboles nos dificultan su visión, pero aun así la tenemos cada vez más cerca. ¡Que los árboles no nos engañen!

Adela,Tutora de Sevilla tardes.

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