“Merece la pena”: La experiencia de los primeros días como R1 de quien fuera alumna APIR

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Dos años de mucho estudio, mucha rutina, mucho de otro día más, otro día menos, días de otra vez lo mismo pero a la vez días de qué es esto, me suena a chino, ¿ quién lo ha subrayado?, madrugar, despertador, bueno, despertadores, cabezadas delante de los libros, no poder más y comerse el mundo en una misma semana… nervios… se acerca el día, cafés y más horas de estudio… y llega el día, 10 de febrero, vamos allá!

Después el ansiado descanso, el silencio por las mañanas… el dormir y más dormir , salir, entrar, unas plantillas que no salen, y más nervios, impugnaciones, tiempo que pasa lento, y al final, las listas, la ansiada plaza, ver tu número de orden y ver que estás dentro de ese pequeño margen que nos lleva a cumplir un sueño, y ahora sí, celebraciones, descanso, alivio , ganas, buscar las plazas, elegirla, más celebración y ahora mas descanso… y de repente un dia…

¡¡¡BIP BIP BIP BIP!!! vuelve a sonar el despertador… piensas… uy y esto? estas confusa y en unos segundos te haces consciente, ha llegado el día!!  De repente me desbordan las ganas, pero también los miedos y las dudas,  bienvenida en el hospital , papeleos y al fin me dicen “harás tu primera rotación en la Unidad de Salud Mental Comunitaria Oriente” ( USMC) me dan la ansiada (y menos usada) bata, mi acreditación… y parece que todo se va haciendo real, concreto…  han sido meses como en un limbo intermedio. y de repente aterrizas…. Y empiezas a creerlo.

Sinceramente, hasta hace unos meses ni siquiera sabía que era  USMC y ahora me encuentro inmersa en una de ellas, es una puerta de entrada, vemos pacientes derivados por sus médicos de todo tipo, niños, adultos, ancianos, de todas las edades, de todas las clases sociales, todo tipo de trastorno, consultas individuales y  también terapias de  grupos y de repente, esa duda que alguna vez tuve durante la preparación ¿merecerá la pena? desaparece, ya se empieza a borrar el día que te enteras de que al fin una plaza lleva tu nombre, pero cuando empiezas… se borra por completo. Te haces consciente de la riqueza de lo que has conseguido, de que no hay oportunidad mejor para verlo TODO, de la cantidad de cosas que vas a aprender, de que vas a rotar por dispositivos a los que no hay otra posibilidad de acceder, que vas a estar aprendiendo de gente que lleva muchos años desempeñando su trabajo, y que encima, está dispuesta a enseñarte.  De verdad, que merecen la pena los madrugones, las horas delante de libro, los sofocones post simulacros, merecen la pena  por esa sensación cuando suena ahora el despertador, por sentir cada mañana esas ganas,  ese… ¡allá voy! a aprender viendo, más adelante a aprender haciendo, por esa satisfacción por haber llegado hasta aquí y por esas ganas de aprovecharlo.

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