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Si por algo se caracteriza la Navidad es por el frío, las películas románticas de domingo y el reencuentro con toda esa familia a la que solo ves a finales de cada año. Esa familia que tiene a bien hacer preguntas, muchas preguntas. Preguntas sobre todo y sobre todos. Sobre tu pareja, sobre tus amigos, sobre tus aficiones, sobre tu trabajo… y sobre el PIR “o el MIR ese que estudia el chico ¿no?”.

Y no. Esconderse en la habitación bajo los libros de Clínica y fingir un episodio disociativo no es la solución. O sí, pero no todos tenemos la oportunidad de hacer gala de las conductas evitativas y muchos no tenemos más remedio que enfrentarnos al interrogatorio de la tía-abuela Herminia. Por eso presentamos una serie de consejos para poder hacer frente a esta Navidad sin necesidad de cumplir criterios de intoxicación por sustancias en el intento:

Educa a tu familia. Sé el Pavlov de tus abuelos, tus tíos y tu primo el que se sacó ADE en 4 años y ya tiene tres empresas. Pídeles encarecidamente que NO te pregunten por la oposición (si tienes que llorar para dar más énfasis a tu ruego, hazlo). Seguramente ignoren tus peticiones y tras tres copas de vino y siete debates políticos, la diana se
centre en ti y acaben preguntando, pero para eso se inventaron técnicas asertivas maravillosas como el disco rayado o el sándwich. Ejemplo práctico: tío Anselmo, me encanta tu corbata, agradecería que no volvieras a preguntarme sobre la oposición porque estoy al borde del colapso nervioso y te aseguro que no quieres ver una crisis de ansiedad en directo cuando no tengo una benzo a mano, pero qué bien que hayas traído anchoas.

– Acepta que, hasta enero, eres una persona aburrida y puede que tu familia sea la clave para salir un poco de la monotonía. Tu vida es el PIR y a cada canción del especial de Raphael en Nochebuena te preguntarás si no estarías mejor repasando los pares craneales, lo sabemos. Pero también sabemos que la respuesta es no, hay que desconectar de vez en cuando. Intenta integrarte en las conversaciones que te rodean, considéralo un trabajo de campo. ¿Seguirá la prima Araceli con ese ligue de Tinder? ¡Prueba a descubrirlo! ¿Contará tu hermano mayor, por decimonovena vez, aquella caída bochornosa en el autobús que casi acaba contigo en urgencias? ¡Siempre puedes hacer un bingo y comprobarlo al final de la noche!

Vuelve a casa por Navidad (con tus amigos). Tus amigos te quieren y es muy importante partir de esa base. Te quieren por WhastApp, te quieren cuando les hablas de tus ganas de dejarlo todo y trabajar en un chiringuito en la playa y te quieren en persona cuando les odias porque su vida parece seguir adelante. Sí, quieren verte la cara y seguramente, muchos de ellos estén de vacaciones en esta mágica época del año, algo que, por supuesto, todos intentarán no comentarte para que no acabes en la cárcel por agresión. Además, seamos sinceros, han llevado aguantándote meses y, aunque respeten que a veces seas un ermitaño o ermitaña, desearán sacarte de tu cueva (también conocido como opozulo, opocasa, opobiblio… cualquier localización con el prefijo “opo” viene bien para ilustrar). ¡Déjales que lo hagan!

– No pidas aún más material de papelería a Sus Majestades los Reyes ni a Papá Noel ni a nadie que te traiga regalos por esas fechas. Ten proyección de futuro, te queda poco más de un mes para volver a salir a la calle, para que tus pupilas vuelvan a acostumbrarse a la luz natural, para que tu piel empiece a dejar ir el moreno flexo. Pide algo que verdaderamente puedas utilizar cuando recuperes tu vida: ropa, camisas para parecer psicólogo o psicóloga de renombre en cuanto tengas tu plaza este año, dinero, un descapotable… Es cierto que, durante este camino, todos nos volvemos un poco adictos a los subrayadores de cincuenta variedades cromáticas y los bolígrafos de más colores que el arcoíris, pero la precontemplación no es un buen estadio en el que quedarse.

Recuerda que el PIR es el MIR pero de psicólogos. Ya, ya sé que no. Todos los PIRes sabemos que no, pero finjamos que sí. Finjamos que sí para que el debate se centre en cuestiones políticas y no en “esa oposición por la que el pobre Miguel hace mucho tiempo que no sale”. Esa frase os va a salvar de muchas explicaciones innecesarias, así que es hora de trabajar la aceptación. Ya explicaréis en qué consiste la residencia cuando tengáis la plaza (y, te puedo prometer, que incluso entonces seguirás diciendo que eres como los médicos pero de otra manera porque… para qué).

Pero… por supuesto ¡no todo va a ser negativo! Al menos este año sí tendrás respuesta a la consabida pregunta de si tienes o no pareja ¡deja saber a todos que te has casado con la oposición hasta que la plaza os separe! Como todos los matrimonios, tendréis vuestros altibajos, pero nadie más que vosotros sabe lo mucho que os queréis, aunque a veces necesitéis un cese temporal de la convivencia. No permitas que nadie decida tu camino ni tu futuro por ti, ni siquiera una noche al año.

Respira hondo y recuerda: pase lo que pase, sobrevivirás a todas las cenas (si tienes cuidado con las uvas, claro).

Sara G.

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