ResPIRo con Pablo: PENSAMIENTOS ASESINOS
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¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! Y es que, aunque parezca ayer, ya hace 6 meses que empecé la residencia…

Mi plaza no fue cosa de una convocatoria, ni de dos. Vi a alguna compañera lograrlo, y a muchas amigas dejarlo en el camino (yo misma me lo planteé en más de una ocasión). Porque aparecían otros trabajos, porque tras varias convocatorias la plaza no llegaba, porque el camino es muy duro y nadie te asegura nada y porque a partir de la tercera leche que te metes es más difícil levantarte…

Y entonces llegó, conseguí mi plaza y todo fue alegría. Esos días todo el mundo me escribió para felicitarme, estaban más contentos que yo (que seguía un poco en shock). Pero, de todos los mensajes que recibí, recuerdo uno en especial. Uno que me escribió una compañera AMIGA, que también llevaba bastantes convocatorias a sus espaldas, con la que había compartido simulacros y lágrimas y que no había tenido mi misma suerte.

El mensaje decía: “¿Es verdad lo que dicen? ¿Vale la pena?”. Y mi respuesta le sorprendió: “No lo sé”.

Estaba contenta, sí, por fin lo había conseguido. Pero, ¿qué había conseguido?

Sabía todo lo que había sacrificado para llegar hasta allí: los planes que había rechazado, las veces que había fallado a amigos, pareja, familia… por encerrarme a estudiar. Pensé en esas personas que dedican 6, 7, 8 convocatorias hasta conseguirlo. ¿Cuánto habrían sacrificado ellos? ¿Quién te asegura que los próximos 4 años lo compensarán todo?

En ese momento no lo sabía, y mi respuesta fue sincera. Pero, a día de hoy sí lo sé y vengo a responder (mejor) a esa misma pregunta. Estudiar TANTO para el PIR, ¿Vale la pena? Sí, joder que sí la vale. Y lo tengo clarísimo.

¿Con solo 6 meses de residencia? ¿Habiendo pasado por una única rotación? . El PIR es una experiencia única en la que aprendes algo nuevo cada hora. De tu tutor, de los adjuntos, de los pacientes, de tus R mayores y del resto de compañeros.

Cada día te enfrentas a X casos que parece que no encajan en ningún maldito diagnóstico del DSM-5 (será que no tiene) y te da un vuelco el corazón. Sales a comer con tus compis, te hablan de sus casos y sigues “alucinando” y aprendiendo. Tienes la oportunidad de asistir a seminarios, congresos, que aparte de la docencia, te siguen enriqueciendo.

Pero, lo que más me ha facilitado cambiar mi respuesta han sido unas flores. Las que recibí el día que me despedía de uno de mis casos de la USM. Una mujer vino a su última sesión con estas flores para agradecerme “todo lo que le había ayudado”; sin darse cuenta de todo lo que me había ayudado ella a mí. Y, si de verdad he conseguido ayudar a alguien, aunque haya sido a una única persona (espero que hayan sido más), para mí TODO ya ha valido la pena.

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