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Nuestro profesor y tutor Pablo Rodríguez nos cuenta la gran aventura que vivió durante su rotación externa PIR. Esperamos que os guste y os motive a seguir estudiando para conseguir vivir vuestras propias aventuras.

Y ahí estaba yo, tratando de explicarle a una oficial de aduanas que sí, que venía a Estados Unidos por dos meses, que no venía de vacaciones, que no venía a trabajar y que no venía a estudiar…  Después de 20 minutos de sudor frío, en los que ya me veía vestido de naranja butano en Guantánamo, entendí que lo que en España llamamos rotación externa, allí lo llaman “training”.  No te acostarás sin saber una cosa más…

Os pondré en antecedentes.  Yo estaba en mi tercer año como residente en el HRU (Carlos Haya) de Málaga.  Como en todos los hospitales, tengo derecho a pasar unos meses fuera, en el hospital o institución que yo elija (siempre que esté justificado en base a prestigio o excelencia), y a seguir cobrando mientras vivo y aprendo allí.

Tenía claro que para mi rotación externa quería un sitio que combinara los 3 aspectos que deberían incluir todas las rotaciones fuera de tu hospital: prestigio, aprendizaje y experiencia personal.  Después de barajar irme a Nueva York (yo ya tenía la experiencia de haber vivido un mes allí con una beca MEC), me decanté por el Mental Research Institute (MRI), en Palo Alto (California), EEUU, cuna de una de las más importantes escuelas sistémicas en el mundo, de las primeras explicaciones psicológicas familiares para la psicosis y del “Doble Vínculo”.

La confirmación por parte de la Consejería de la concesión de la rotación externa me llegó 12 días antes de coger el avión.  Habría quien se hubiera echado atrás, sobretodo a la hora de hacer cuentas de por cuánto me saldrían esos dos meses…  Pero decidí tirar palante, comenzando así la mayor aventura de mi vida académica y profesional.

Después de 3 días en Los Ángeles, me instalé en Sunnyvale, muy cerca de Palo Alto, a pocos kilómetros de San Francisco, en un cuartucho con paredes de madera, sucio y destartalado, por el módico precio de 1200 dólares al mes.  ¡Ah, se me olvidaba!  Estamos hablando del famoso Silicon Valley, donde viven miles de estudiantes provenientes de familias ricas (allí se encuentra la prestigiosa Universidad de Stanford) y otros tantos miles de familias no tan ricas con una idea tecnológica con la que creen que pueden hacerse millonarios.  En 30 kilómetros a la redonda está Facebook, Microsoft, Google, Youtube, Apple…  Así que si vas a vivir allí, olvídate de encontrar nada decente por menos de 2000 dólares al mes.

Mi primer día en el MRI está grabado a fuego.  Tras las presentaciones, pude entrar en la sala de consulta en la que habían trabajado Bateson, Jackson, Watzlawick, Weakland, Fish…  Y todo parecía estar igual: las cámaras de vídeo, el teléfono, las moquetas, el espejo unidireccional, los armarios, los archivadores…  Todo tenía un encanto y olor especial a Historia y a terapia.

Existían dos cursos a los que podía inscribirme: uno en Inglés y otro en Español. Todo mi trabajo allí fue de observación y discusión clínica.  Legalmente el psicólogo de “training” no puede estar físicamente en la misma sala que el paciente, por imperativo ético y legal de California.

La mayor parte de los pacientes que pude ver (a través del espejo) eran hispanoparlantes, sobre todo emigrantes e hijos/as de emigrantes.  Cuando tocaba cita con un paciente angloparlante, trataba de enterarme de todo lo que podía, y luego en la reunión de equipo, con los aportes de las otras dos resis que había en ese momento y las profesionales de la clínica, lograba rellenar las lagunas perdidas en la traducción.

Uno de los aspectos más relevantes y reconocidos del MRI es que los que nos situábamos detrás del espejo podíamos comunicarnos con la terapeuta por medio de un teléfono, para resaltar aspectos que podía haber pasado por alto, o directamente sugerir preguntas e intervenciones.  Es muy común que la terapeuta abandonara la sala de terapia varias veces durante la consulta para reunirse con los que estábamos detrás del espejo. Las recomendaciones que hacíamos los resis eran muy tenidas en cuenta por las terapeutas, y las solían introducir en terapia.

Los viernes nos liberaban para trabajo personal (yo aproveché para escribir un artículo sobre un caso del MRI de Exhibicionismo tratado desde la Terapia Breve de Resolución de Problemas), pero en ocasiones lo utilizaba para unirlo al fin de semana y poder viajar por California y otros estados (Nevada y Arizona) lo cuál formaba parte indispensable de la experiencia global.  En dos meses puede visitar Los Ángeles, San Francisco, Santa Cruz, Las Vegas, El Gran Cañón del Colorado…  Poder conducir por la antigua Ruta 66, por el desierto o por el Golden Gate son recuerdos que formarán parte, para siempre, de la película de mi vida.

Tras dos meses, y cuando ya me había acostumbrado al acento californiano, emprendí el viaje de vuelta.  He de reconocer que ya tenía ganas de volver a casa, a Málaga.  Había gastado casi todos mis ahorros, ya que apuré al máximo mis días en USA ante la perspectiva de no saber cuándo volvería a tener una oportunidad así. En mi último día en el MRI, me entregaron el diploma acreditativo de mis horas de “training” en la Terapia Breve de Resolución de Problemas, que ocupa un lugar privilegiado en mi salón y en mi currículum.

En definitiva, mi recomendación es que seáis ambiciosos con vuestra rotación externa.  Merece mucho la pena hacer un esfuerzo económico para poder ir a aprender y a desaprender a un hospital o institución que no sea tan frecuentado por los pires, y que pueda dejar mayor huella en vuestro bagaje académico y profesional. Y personal…

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