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¿Primeros días de residencia y estás que no puedes con tu cuerpo? ¿Te sientes desbordado en lugar de estar en una nube de felicidad? ¿Sientes ansiedad? ¿Estrés? ¿Inseguridad? ¿Te cuesta dormir?

Bienvenido al síndrome del R1. ¿Que qué es esto? Tranquilo, empecemos por el principio…

Acabar la carrera, apuntarte a una academia, preparar el pir durante años, varios intentos, varias decepciones, tirar la toalla, volverla a coger, depresiones postpir, subidones, bajones… Hasta que por fin, después de haber salido del examen con la sensación de estar fuera otro año más, te llevas la inmensa sorpresa de que lo has conseguido. ¡Tienes plaza! ¿Y ahora?

Yo, que llevo toda la vida estudiando, organizándome mis días en base a una agenda super estructurada, ahora tengo que enfrentarme a un mundo totalmente nuevo: facturas, trabajo, horarios que no me planifico yo misma, ciudad diferente, otra vivienda, gente desconocida… en definitiva ROL NUEVO y ETAPA NUEVA.

Cuando me contaban experiencias sobre los primeros días, nadie me habló de lo difícil que resulta el tránsito del rol de estudiante al rol de trabajador. Todo era genial y maravilloso. ¿Acaso nadie se agobió? ¿A nadie le entró ansiedad? ¿Todo el mundo supo resolver toda esta avalancha sin ningún problema? Yo desde luego, NO.

Mis primeros días de residencia fueron un auténtico caos. Para empezar, me encontraba súper cansada, no conocía ni a las personas ni los lugares de los que me hablaban, por no hablar de la inmensa inseguridad que se apoderaba de mí cada vez que alguien me decía: “¡Ya mismo empiezas a ver pacientes!”. No sabía qué era lo que se esperaba de mí, cual era mi lugar, qué hacer… Hasta que entendí, que todo esto no eran más que síntomas que cumplían a la perfección los criterios diagnósticos de lo que se conoce como “Síndrome del R1”.

Fue un alivio comprobar que no era la única en esta situación. Al compartir mi experiencia con los resis mayores y con otras compis que también habían sacado plaza, comprobé que esto es algo generalizado para todos los que empezamos. Así que como tú serás el próximo, voy a darte algunas pautas para gestionar toda esta incertidumbre de la mejor manera posible.

Como he mencionado, para mí fue primordial hablar con mis compañeros. Me ayudó a liberarme de la culpabilidad que sentía por estar desbordada en lugar de radiante, que normalmente es lo que se espera cuando consigues un sueño. A raíz de ahí, empecé a conformarme con “no colapsar”. Dejé de ser tan exigente y rígida conmigo misma, de modo que aprendí a relativizar y normalizar mis equivocaciones.

También fue algo muy importante no cargarme con demasiadas responsabilidades. Seguramente os encontréis con gente que lleva mil cosas para adelante:  cursos, masters, otras formaciones…. No os comparéis con nadie, ya habrá tiempo para todo eso. En estos días vuestro principal objetivo debe ser soltar esa necesidad de control y esa dosis de obsesividad que tan útil nos resultó mientras estudiábamos, pero que ahora nos impide dejarnos llevar en un mar de incertidumbre. Suelta, deja ir y confía, porque te aseguro que todo va a ir ordenándose solo, poco a poco, y sin necesidad de un sobreesfuerzo por tu parte.

Querido opopir, ya me despido. Pero no sin antes confesarte mi gran descubrimiento. Por qué nadie habla del síndrome del R1. La razón es muy sencilla. Lo que viene después de todo este barullo que os he contado es tan inmensamente maravilloso y merece tanto la pena, que logra empañar cualquier mal momento que hayamos podido pasar. Yo sólo llevo un mes de residencia y ya estoy empezando a olvidar lo dura que fue la preparación del PIR. Por eso quería contaros todo esto que aún tengo reciente, antes de volver a cumplir criterios, esta vez del “Síndrome amnésico del residente” Pero de esto, ya hablaré en otro post xD. Un abrazo enorme y muchísimo ánimo.