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Tú. Tu mochila. Tu carpeta. Tus subrayadores de todos los colores. Tu inseparable agenda. Tus pensamientos. Tus miedos. Tus dudas. Tus ganas y sin ellas. Un día tras otro. Y a pesar de ello, qué poco se habla del sentimiento de soledad del opositor.

La gente dirá, “¿Solo? Pero si estudias en casa y estamos contigo”, o también un “Anda ya, si en la biblioteca estás con tus amigos”. Sin obviar de casos, como era el mío, en el que yo estudiaba sola literal día tras día en la biblioteca. Y aunque algunos días quedara con alguien, esa soledad no se separaba de mí.

Esa soledad se hacía más grande en épocas claves como en verano o en Navidad. El verano, y en mi caso las redes sociales no me ayudaban, mientras estabas con los libros, veías fotos de gente en chiringuitos, fiestas o simplemente tumbados en la arena. Cerrabas el móvil y veías tu realidad. 40 grados y tu botella de agua lo más parecido a un placer en esas situaciones. Pero no, no tenías a gente a tu alrededor; tu realidad solo la conocían esas cuatro paredes: tú, tus libros y tus pensamientos. Respecto a Navidad, la que peor pasaba yo con diferencia. El examen cerca y la consecuente necesidad de compañía y calor de los demás; y los planes diarios a los que tenías que decir que no o un “me voy antes de las copas”. Nunca olvidaré esos 25 de diciembre donde nada más comer con mi familia me levantaba y para la biblioteca un día más. Y qué decir de cómo terminaba yo el año, llegando el 31 de diciembre de estudiar con el tiempo para ducharme y cenar y eso sí, a las 2 en la cama. Y el día 1 otro día más estudiando y claro, con esa soledad a mi espalda. Un día más y daba igual si era diciembre o agosto, ahí estabas tú.

Y no sé si habéis escuchado esa frase que todo opositor dice cuando saca plaza “Todo lo malo y lo que has sufrido se olvida” y yo por dentro siempre decía, “¿Cómo voy a olvidar 3 años y todo lo mal que lo he llegado a pasar?” Y tengo que confesar que…. SE OLVIDA. Pero me explico, como podéis leer no lo he olvidado, hasta ahora no he disociado y sigue todo aquí dentro. Pero ha cambiado la emoción, antes lo veía como una tortura. Y ahora veo a esa “Yo” del pasado con tanta ternura que me ha hecho quererme más. Porque aun sintiéndome como os he contado, supe levantarme día tras día para seguir luchando por mi objetivo. Y hay días que me descarrilaba un poco porque lo necesitaba también.

No sé vosotros, pero yo también tenía dudas de si esto me iba a pasar factura, el que yo llegara a tener pensamientos negativos que a veces pesaban sobre los demás. Me daba miedo que al final todo esto se quedara como algo inherente en mí. Y os consuelo, en mi caso al menos, no ha sido así. Esos “estoy tan sola que no puedo” se quedaron atrás. Porque yo era una persona teñida por el PIR. Era yo y mis circunstancias en ese momento.

Supongo que yo no era la única que cuando una convocatoria te quedabas sin tu plaza, te comparabas con tu alrededor. Y en mi caso, mis amigos trabajaban casi la mayoría. Estaban independizados. Y tú por tu edad, empiezas a tener ciertas necesidades que ser estudiante del PIR no te habilita. Sientes que creces (y te aseguro que emocionalmente creces muchísimo) pero te sientes “estancado”. Sin avances (que sí los hay, pero tú no los ves). Pero a por intento más. Era mejor opción que arrepentirme de no hacerlo.

Os he contado un poco como me sentí yo durante esos casi 4 años (aunque más el último). Y el opositor que esté a tu lado en la mesa también. Porque las horas y horas con los libros, tus pensamientos todo el día como si fuera un altavoz conllevan a eso. Y si encima tienes algo que te preocupa, tu cabeza preferirá rumiar sobre ello que indagar un poco más sobre Psicología Básica. Ya te lo digo yo. Pero no estás solo y cuando todo pase lo verás distinto. Te mentiría si te digo que volverás a ser el mismo, porque no es posible. Eres diferente pero seguro que más fuerte y con un autoconocimiento que más quisieran los Máster poder otorgar.

Pero no todo va a ser dramas, yo tenía varios truquitos personales que me ayudaban a lidiar con este sentimiento:

  1. VIDA SOCIAL. Obvio e importantísimo. Sé que tienes mucho que estudiar, pero siempre hay huecos en la semana para relacionarte. Aunque a veces no te apetezca, hazlo. Lo agradecerás.
  2. No asustarte de lo que estás sintiendo. Es NORMAL. Como ya sabéis el estrés continuado tiene sus consecuencias. Abordemos el estrés entonces. Pero no te martirices por sentirte alguna época más decaído/a.
  3. Júntate con OPOSITORES. Porque seamos sinceros, nuestro alrededor intentará entendernos, pero nadie como alguien que lo vive en primera persona el ser opositor. Ya sea un grupo de WhatsApp de los alumnos de la academia, como del grupito con el que estudies en biblioteca.
  4. ESCÚCHATE. Que sí que hay que rendir…pero tampoco fuerces la maquinaria. Cuando todo te esté pesando más de la cuenta. Levanta el pie del acelerador. Descansa un día que no tenías planeado. O cambia esa asignatura que tanto te cuesta por algo que te sea más liviano en un día más duro.
  5. Yo me reforzaba todos los sábados tras un simulacro. Ya me saliera mejor o peor, pero siempre. Porque había llegado al fin de la semana y había hecho todo lo que estaba en mis manos. Mi cervecita fresquita tras un simulacro me ayudaba a ver mis dramas de otra forma.
  6. HABLA de lo que sientes. No te lo calles por miedo a qué dirán. Ponle palabras ya sea a un amigo, familiar o a tu tutor. Yo lo hice y al hacerlo vi que era más normal de lo que yo pensaba.

Como conclusión, NO ESTÁS SOLO SINTIÉNDOTE SOLO. Yo me he sentido así. Y casi todos los opositores. Esa soledad no va a poder contigo, y si sientes que te desborda, ya sabes lo que hay que hacer: parar un poco para poder seguir con fuerzas.

Mucho ánimo, y a seguir luchando por lo que quieres. Que llega, créeme.

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