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Ya ha pasado medio año desde que el coronavirus llegó a nuestra vida y cambió todas nuestras costumbres (ver a los nuestros, hacer la compra, ir a clase…). Y, quizás porqué ya han pasado tantos meses, somos capaces de empezar a tomar distancia y hablar de ello.

Todos fuimos testigos de cómo los calendarios, que siempre habían funcionado del mismo modo, también cambiaron. Y una generación de resis (coronaPIRes) quedaron a la espera de saber si su plaza sería definitiva, cuando podrían hacer la elección de plaza, cuando se podrían incorporar al hospital… Su sueño, tras conseguirlo, había quedado en pausa hasta ahora.

Pero, ¿qué hemos estado haciendo durante este tiempo sus R mayores? En el blog de hoy queremos compartir con vosotros qué hace un PIR en tiempos de pandemia.

Marzo. El caos. Cada día el protocolo es diferente. Un jueves me despido de los pacientes de hospital de día con un: “hasta mañana”. Y al día siguiente el hospital se cierra, se cancelan las actividades presenciales y los seguimientos se harán telefónicos. Y así termina mi rotatorio, a medias, sin despedidas, sin cierres y con muchas cosas que aprender. También se suspenden todas las actividades de docencia: los seminarios, las sesiones clínicas, los congresos… 

En los grupos de whatsapp empieza el movimiento. ¿Qué hacéis con los grupos de atención continuada? Segunda consecuencia de este maldito virus. No se pueden organizar grupos en el hospital, la atención continuada desaparece en muchos casos y con ella un parte de nuestro sueldo. Otros, intentamos reinventarlos: ¿Qué vais a hacer en vuestra comunidad/hospital? Nosotros ofrecemos atención psicológica telefónica a afectados por la COVID (trabajadores del hospital -sean o no sanitarios-, pacientes en aislamiento, familiares…). Empezamos a redactar nuestro propio protocolo, aprendemos a hacer atención psicológica en crisis, entrevistas con pacientes por teléfono, a interpretar el lenguaje no verbal… Vemos cada seminario, charla, debate (todo online) acerca del tema. 

Más consecuencias. ¿Recuerdas aquel rotatorio externo que habías planeado desde hace un par de años? Cancelado también. Y casi no te importa, ya no quieres ir a Argentina o a EEUU, sólo quieres ir a la provincia de al lado y abrazar a los tuyos.

Son las 20:00h, dejas a medias la octava reunión por zoom/skype/webex y te asomas a la ventana a aplaudir. Por tus compañeros, a los que escuchas llorar cada día al otro lado del teléfono…

Han ido pasando los meses, creíamos que lo peor había pasado, nos confiamos, pero aquí está, el temido rebrote que se suponía iba a llegar en otoño, se ha adelantado. 

Muchos de nuestros rotatorios están siendo diferentes: “en la USMI en la que te ha tocado rotar solo se están haciendo seguimientos telefónicos”; “la UCA no está haciendo primeras entrevistas, no puedes coger pacientes propios, mira cómo les llamo yo”; “los hospitales de día siguen cerrados”, “la mitad de los adjuntos están en cuarentena …”.

Y allá que vas, con tu EPI, doble par de guantes y mascarillas, gorro, las gafas completamente empañadas y a 37 grados a la sombra, a hablar con un paciente descompensado psicopatológicamente, que ingresó hace dos días y pedirle, por octava vez que no salga de su habitación… Y, en ese momento, recuerdas a tu yo del pasado, al inicio de la residencia, cuando te preguntabas aquello de: ¿prefiero usar la bata blanca o no hacerlo?

 ¿Qué hace un PIR en tiempos de pandemia? Escuchar, acompañar, evaluar, normalizar, apoyar… Lo mismo que hemos estado haciendo siempre, pero ahora quizás nos perciban más necesarios. Porqué las consecuencias de la COVID no serán solo físicas.