¿Habré elegido bien? ¿Los criterios en los que me he basado para hacer la lista son los adecuados? ¿Estaré equivocándome en la elección más importante de mi vida? ¿Y si no me llega finalmente la plaza que espero?

Seguramente, muchos de vosotros estaréis pasando por esta serie interminable de dudas. Y esa incertidumbre, os puede llevar a sentir casi más ansiedad que cuando hicisteis el examen. Sé que muchos habréis hecho y deshecho infinitas veces vuestra lista de destinos (incluso, haréis algún cambio más). Olvidaréis por qué habéis situado antes un hospital que otro y los criterios que son súper importantes un día, pasan a un segundo plano al día siguiente. Y al final, os acostaréis cada día hasta el día de la elección teniendo un lío bestial en la cabeza. También, estaréis escribiendo a un montón de resis para que os cuenten, y eso os puede llegar a crear hasta más confusión. Os hablarán de orientaciones teóricas, rotaciones, dispositivos, y no sabréis ni siquiera que es lo que va más con vosotros. Igual no os pasa todo esto, pero si os lo cuento, es porque a mí sí que me pasó cuando estaba en vuestro lugar.

 

Por eso, mi idea con estas palabras, es mandaros un mensaje de tranquilidad. En mi caso, aunque tuve algo de margen de elección, en parte la plaza también me eligió a mí porque no tenía una posición muy elevada. ¡Y lo que os puedo decir, es que estoy súper feliz y cada día me levanto agradeciendo el lugar en el que estoy, menos cuando me levanto con sueño, no os voy a engañar! No quiero escribir que plaza es la elegí (o me eligió), porque quiero que esto que escribo sea algo genérico que os sirva a todos. Pero os puedo decir que, hablando con compañeros con plazas muy diversas, si algo compartimos todos, es que con pros y con contras, todas las plazas merecen la pena. Pensad que, si no fueran plazas en condiciones, no se podrían ofertar.

 

Así que, estad tranquilos, que aunque ahora os cueste creerlo, lo más difícil ya lo habéis hecho. Y aunque será muy clave en vuestra vida el destino al que vayáis, habrá más vida después del PIR. Con esto quiero decir que, aunque no tengáis claras algunas decisiones relacionadas con la formación, parte del camino del PIR consistirá en descubrirlo. Incluso, cosas que tengáis claras ahora, puede que cambien a lo largo de la residencia. Y eso tiene su encanto también. Podréis formaros durante y después de la residencia, el PIR no es otra cosa que una puerta que se os abre de un futuro profesional maravilloso.

 

Y, por último, siento deciros que cuando tengáis la plaza, comenzará otra retahíla de dudas. ¿Encontraré piso a tiempo? ¿seré capaz de ser psicólogo/a? ¿y si no esto no es lo mío? y así una larga lista… Y no os lo digo por desanimaros, sino para que os hagáis a la idea de que este camino que empezáis será una montaña rusa de emociones en la que tendréis que ir tolerando mucha incertidumbre. Pero que, ante todo, ¡valdrá la pena! Por si algo tengo claro, es que, si habéis llegado hasta aquí, ESTO ES LO VUESTRO 🙂

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